viernes, 11 de junio de 2010
El jugador en El fútbol a sol y a sombra de Eduardo Galeano
HISTORIA DEL FÚTBOL - PARTE II
Se conocieron varios juegos de equipo similares a lo que hoy conocemos como fútbol. Uno de ellos era el mob football (fútbol multitudinario). No tenía reglas claras y se destacaba por el uso de una extrema violencia.
A partir del siglo XII, se pueden encontrar evidencias de algún tipo de fútbol similar al de hoy, practicado en Inglaterra. Se competía con grupos de diferentes fracciones o ciudades. Tenía una gran cantidad de participantes y las porterías podían estar separadas por grandes distancias. Estos juegos estaban asociados con el carnaval, por lo que se desarrollaban en climas festivos.
A mediados del siglo XIX, a partir de los distintos códigos existentes, se intentó crear un reglamento unificado, llamado Código Cambridge. Este reglamento era similar al del fútbol de hoy: no tocar la pelota con las manos y el objetivo era que el balón atraviese unos postes verticales y por debajo de una cinta que los unía.
De todos modos este aún no era el único código del fútbol de la época. También se conocía el Código Sheefield o Reglas de Sheefield que reemplazaba la cinta por el uso del travesaño (de material rígido) y agregaba distintos métodos de reanudación del juego, como tiros libres y saques de meta.
Nacimiento del fútbol moderno
El 26 de octubre de 1863 es considerado, por muchos historiadores, como el nacimiento del fútbol moderno ya que ese día las distintas escuelas que practicaban el deporte comenzaron a reunirse buscando la unificación de los reglamentos. Se logró el consenso de 11 de las 12 escuelas para la creación de un código universal del fútbol, el cual recibió el nombre de ''Football Association'' (asociación de fútbol). La escuela que se opuso a este reglamento fue la Blackheath, que se negaba a la prohibición de tocar el balón con las manos y del juego brusco. Este club se convertiría, más tarde, en el creador de otro deporte popular, el Rugby.
El primer partido oficial de fútbol se jugó en 1872 en Glasgow, fue un empate 0 a 0 entre las selecciones de Inglaterra y Escocia, cerca de 4000 espectadores asistieron a ese encuentro. Recién en 1908 el equipo inglés realizó una gira por Europa central enfrentando a equipos no pertenecientes al Reino Unido.
Entre 1871 y 1872 se propuso la creación de un torneo de clubes organizado por la FA. 12 fueron los equipos que se afiliaron a la ''Football Association'' y participaron del torneo más antiguo del fútbol mundial, la FA Cup, competencia que se sigue disputando, desde aquel momento, hasta la actualidad.
Apuntes de fútbol en Flores (Alejandro Dolina) Compartir
En un partido de fútbol caben infinidad de novelescos episodios.Allí reconocemos la fuerza, la velocidad y la destreza del deportista. Pero también el engaño astuto del que amaga una conducta para decidirse por otra. Las sutiles intrigas que preceden al contragolpe. La nobleza y el coraje del que cincha sin renuncios.
La lealtad del que socorre a un compañero en dificultades. La traición del que lo abandona. La avaricia de los que no sueltan la pelota. Y en cada jugada, la hidalguía, la soberbia, la inteligencia, la cobardía, la estupidez, la injusticia, la suerte, la burla, la risa o el llanto.
Los Hombres Sensibles pensaban que el fútbol era el juego perfecto, y respetaban a los cracks tanto como a los artistas o a los héroes.
Se asegura que los muchachos del Ángel Gris tenían un equipo. La opinión general suele identificarlo con el legendario Empalme San Vicente, conocido también como el Cuadro de las Mil derrotas.
Según parece, a través de modestas giras, anduvieron por barriadas hostiles, como Temperley, Caseros, Saavedra, San Miguel, Florencio Varela, San Isidro, Barracas, Liniers, Nuñez, Palermo, Hurlingham o Villa Real.
El célebre puntero Héctor Ferrarotti llevó durante muchos años un cuaderno de anotaciones en el que, además de datos estadísticos, hay noticias muy curiosas que vale la pena conocer.
En Villa Rizzo, todos los partidos terminan con la aniquilación del equipo visitante. Si un cuadro tiene la mala ocurrencia de ganar, su destrucción se concreta a modo de venganza. Si el resultado es una igualdad, la biaba obra como desempate. Y si, como ocurre casi siempre, los visitantes pierden, la violencia toma el nombre de castigo a la torpeza.
En ciertas ocasiones, los partidos deben suspenderse por la lluvia u otras circunstancias. En ningún caso se extrañará la estrolada, que llegará sin fútbol previo, pura, ayuna de pretextos.
- En Caseros hubo una cancha entrañable que tenía un árbol en el medio y que estaba en los terrenos de una casa abandonada.
- En un potrero de Palermo, había oculta entre los yuyos una canilla petisa que malograba a los delanteros veloces.
- Cierto equipo de Merlo jugaba con una pelota tan pesada que nadie se atrevió nunca a cabecearla.
- En un lugar preciso de la cancha de Piraña acecha el demonio. A veces los jugadores pisan el sector infernal, adquieren habilidades secretas, convierten muchos goles, triunfan en Italia, se entregan al lujo y se destruyen.
Otras veces los jugadores pisan al revés y se entorpecen, juegan mal. son excluídos del equipo, abandonan el deporte, se entregan al vicio y se destruyen. Hay quienes no pisan jamás el coto del diablo y prosiguen oscuramente sus vidas, padecen desengaños, pierden la fé y se destruyen.
Conviene no jugar en la cancha de Piraña.Las últimas páginas del cuaderno de Ferrarotti contienen historias ajenas. Algunas de ellas muestran un conmovedor afán literario. Veamos.
El Tipo que Pasaba por Ahí
Suele ocurrir en los equipos de barrio que a la hora de comenzar el partido faltan uno o dos jugadores. Casi siempre se recurre a oscuros sujetos que nunca faltan en la vecindad de los potreros. El destino de estos individuos no es envidiable. Deben jugar en puestos ruines, nadie les pasa la pelota y soportan remoquetes de ocasión, como Gordito, Pelado o Celeste, en alusión al color de su camiseta. Si repentinamente llega el jugador que faltaba, se lo reemplaza sin ninguna explicación y ya nadie se acuerda de su existencia.
Pero una tarde, en Villa del Parque, los muchachos del Ciclón de Jonte completaron su formación con uno de estos peregrinos anónimos. Y sucedió que el hombre era un genio. Jugaba y hacía jugar. Convirtió seis goles y realizó hazañas inolvidables. Nunca nadie jugó así. Al terminar el partido se fue en silencio, tal vez en procura de otros desafíos ajenos.
Cuando lo buscaron para felicitarlo, ya no estaba. Preguntaron por él a los lugareños, pero nadie lo conocía. Jamás volvieron a verlo.Algunos muchachos del Ciclón de Jonte dicen que era un profesional de primera división, pero nadie se contenta con ese juicio. La mayoría ha preferido sospechar que era un ángel que les hizo una gauchada. Desde aquella tarde, todos tratan con más cariño a los comedidos que juegan de relleno.
El Referí Demasiado Justo
El colorado De Felipe era referí. Contra la opinión general que lo acreditó como un bombero de cartel, quienes lo conocieron bien juran que nunca hubo un árbitro más justo. Tal vez era demasiado justo.
De Felipe no sólo evaluaba las jugadas para ver si sancionaba alguna infracción: sopesaba también las condiciones morales de los jugadores involucrados, sus historias personales, sus merecimientos deportivos y espirituales. Recién entonces decidía. Y siempre procuraba favorecer a los buenos y castigar a los canallas.
Jamás iba a cobrarle un penal a un defensor decente y honrado, ni aunque el hombre tomara la pelota con las dos manos. En cambio, los jugadores pérfidos, holgazanes o alcahuetes eran penados a cada intervención. Creía que su silbato no estaba al servicio del reglamento, sino para hacer cumplir los propósitos nobles del universo. Aspiraba a un mundo mejor, donde los pibes melancólicos y soñadores salen campeones y los cancheros y compadrones se van al descenso.
Parece increíble. Sin embargo, todos hemos conocido árbitros de locura inversa, amigos o lacayos de los sobradores, por temor a se sus víctimas . Inflexibles con los débiles y condescendientes con los matones. Una tarde casi lo matan en Ciudadela. Los Hombres Sensibles de Flores lamentaron no haber estado allí, para hacerse dar una piña en su homenaje.
Instrucciones para elegir en un picado
Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros.
Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas adevertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
El último partido de Rosendo Bottaro
Había jugado muchos años en primera. Ahora, los muchachos lo habían convencido para que integrara un cuadro de barrio en un torneo nocturno.
-Con usted Bottaro no podemos perder...
Bottaro no era un pibe, pero tenía clase. Confiaba en su toque, en su gambeta corta, en su tiro certero. Su aparición en la cancha mereció algún comentario erudito:
-Ese es Bottaro, el que jugó en Ferro, o en Lanús...
Se permitió el lujo de unos malabarismos truncos antes de empezar el partido. La noche era oscura y fría. Las tristes luces de la cancha de Urquiza dejaban amplias llanuras de tinieblas donde los wines hacían maniobras invisibles.
En la primera jugada, Bottaro comprendió que estaba viejo. Llegó tarde, y él sabía que la tardanza es lo que denuncia a los mediocres: los cracks llegan a tiempo o no se arriesgan.
Pero no se achicó. Fue a buscar juego más atrás y no tuvo suerte. Se mezcló con los delanteros buscando algún cabezazo y la pelota volaba siempre alto.
Apeló a su pasta de organizador: gritó con firmeza pidiendo calma o preanunciando jugadas, pero sus vaticinios no se cumplieron. Ya en el segundo tiempo, dejó pasar magistralmente una pelota entre sus piernas pero el que lo acompañaba no entendió la agudeza.
Después se sintió cansado. Oyó algunas burlas desde la escasa tribuna. En los últimos minutos no se vio. A decir verdad, cuando terminó el partido, ya no estaba. Lo buscaron para que devolviera su camiseta, pero el hombre había desaparecido. Algunos pensaron que se había extraviado en las sombras del lateral derecho.
Esa noche, unos chicos que vendían caramelos en la estación vieron pasar por el caminito de carbonilla a un hombre canoso vestido con casaca roja y pantalón corto.
Dicen que iba llorando.
Los Refutadores de Leyendas definen el fútbol como un juego en que veintidós sujetos corren tras de una pelota. La frase, ya clásica, no dice mucho sobre el fútbol, pero deschava sin piedad a quien la formula. El mismo criterio permite afirmar que las novelas de Flaubert son una astuta combinación de papel y tinta. ¡Líbrenos Dios de percibir el mundo con este simple cinismo! El fútbol es -yo también lo creo- el juego perfecto.
Hoy que el destino ha querido hacernos campeones mundiales, conviene decirlo apasionadamente.
Lejos de las metáforas oficiales que nos invitan a seguir el ejemplo de nuestros futbolistas para encontrar el destino nacional, yo apenas cumplo con homenajear a Bottaro, a Ferrarotti, a Luciano, a los miles de pioneros atorrantes que impartieron una ética, una estética, tal vez una cultura, cuyo inapelable resultado son los goles superiores, memorables, excelentísimos de Diego Maradona.
Del libro: "Crónicas del Ángel Gris", de Alejandro Dolina, 1996, Ed: Colihue
En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.
El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohibe la osadía.
Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.
HISTORIA DEL FÚTBOL-PARTE I: ANTECEDENTES SOBRE JUEGOS CON PELOTA
El fútbol, hoy considerado ''deporte más popular del mundo'', fue inventado por los ingleses. No obstante, el verdadero origen de este deporte, nos remonta a las antiguas civilizaciones e imperios donde podemos encontrar varios antecedentes sobre juegos cuyo objeto era una pelota.
IMPERIO CHINO
Denominación del juego: Tsu Chu
Características:
• Se buscaba patear el balón a través de una pequeña red abierta, confeccionada con cañas de bambú. Se ubicaba a aproximadamente 9 metros del suelo y no se permitía tocar el balón con las manos.
• Luego de un exhaustivo estudio, análisis y debate entre historiadores deportivos y académicos, en julio de 2004, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, reconoció que el primer antecedente del fútbol tiene sus orígenes en este complejo deporte.
JAPÓN
Denominación del juego: Kemari o Kenatt
Características:
• Se jugaba con un balón de cuero de ciervo. Consistía en evitar que la pelota toque el suelo haciendo malabares con los pies o pases de uno a otro.
• Este juego se sigue jugando en la actualidad (en algunos festivales) a partir de la creación de una asociación formada en 1903 para su de este juego.
IMPERIOS GRIEGO Y ROMANO
• Existieron juegos similares. No tenían un reglamento claro y avanzado como el fútbol actual y probablemente en algunos se podían utilizar tanto las manos como los pies.
ANTIGUAS CIVILIZACIONES PREHISPÁNICAS (aztecas y mayas)
Denominación del juego:Tlachtli
Características:
• Consistía en pasar una pelota dura (bola de ulli) a través del tlachtemalácatl (un aro de piedra). No se podía tocar con las manos o pies y se lanzaba con la cadera, lo que requería una gran habilidad.
• Este juego era practicado por los jefes principales, guerreros y sacerdotes. Si la pelota pasaba a través del tlachtemalácatl se ganaba el juego. Se otorgaban puntos por derribar o herir con la bola de ulli a un contrario.
• Pertenecía a los dioses. La sangre derramada en el campo de juego era una ofrenda y los participantes no dudaban en ofrecer a los dioses su tesoro más preciado, la vida humana.
jueves, 27 de mayo de 2010
"EL MUNDO" de EDUARDO GALEANO EN IMÁGENES
-UN HOMBRE COLOMBIANO SUBIÓ AL ALTO CIELO.
-DESDE ALLÍ VIO EL MUNDO
-REGRESÓ Y CONTÓ QUE ÉRAMOS UN MAR DE FUEGUITOS (FUEGOS BOBOS, TONTOS, DE TODOS LOS COLORES, ALEGRES, QUE ARDEN LA VIDA)
A-

C-







Q-

R-

jueves, 13 de mayo de 2010
JUGANDO A INCOMUNICARNOS...
De modo que, por la mañana, me levantaba de mi velador (cama), escuchaba música con mi barco (grabador), me sentaba en los juegos de mesa (compu) y me ponía a tocar el canasto (guitarra). Luego me iba a jugar con los pedales y el volante y me leía un kayak (libro) acostado sobre mi alfombra (almohada), mientras me preguntaba cómo podría llamar a las demás cosas.
A la mesa la llamaba tv.
A las cajas, sillas.
Al armario, papeles.
A la alfombra, almohada.
A los libros, kayak.
A la guitarra, canasto.
Al volante, pedales.
A la compu, juegos de mesa.
Al velador, cama.
Y, al grabador lo llamaba barco.
De modo que, por la mañana, me quedaba un largo rato sentado en la compu (juegos de mesa) y, a las 10, sacaba ropa del papel (armario) y me cambiaba. Luego, me sentaba en la tv (mesa) y comía. Después, me sentaba en la caja (silla) todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Una vez que lograba retenerlas y comer, me iba a la escuela a estudiar. Ya para ese entonces todo tenía nombre nuevo. Yo ya no era un niño sino un canasto y el canasto era una tarde y la tarde, un niño.
NATA
De modo que, por la mañana, me levantaba de la mesa (cama), me vestía, me sentaba en la alfombra (silla), frente a la cama (mesa), y me preguntaba cómo podría llamar a las demás cosas.
A la mesa la nombraba cama; a la cama, mesa; al despertador, diario; al diario, despertador; al sillón, ventana; a la ventana, sillón; al televisor, DVD; al DVD, televisor.
De modo que, por la mañana, me quedaba un largo rato tendido en la mesa (cama). A las 22:00hs sonaba el diario (despertador), me levantaba y me paraba sobre la silla (alfombra) para no tomar frío en los pies. Luego, miraba por el sillón (ventana) la luces de la ciudad, me recostaba en la ventana (sillón), ponía una película en el televisor (DVD) y la miraba en el DVD (televisor).
A mí me parecía todo muy divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para entonces todo tenía nombre nuevo, ya no era un hombre sino una mano y la mano era una mañana y la mañana un pie.
GASTÓN MORALES
De modo que por la mañana me levantaba de mi biblioteca (cama) y me preguntaba cómo podría llamar a las demás cosas:
A la cama la llamaba biblioteca.
Al escritorio, televisor.
Al cepillo, placar.
A la silla, despertador.
Al despertador, silla.
Al espejo, alfombra.
Al placar, cepillo.
Al televisor, escritorio,
Y a la biblioteca, cama.
De modo que por la mañana, cuando la silla (despertador) sonaba, me levantaba de la biblioteca (cama) y me paraba en el espejo (alfombra). Después, me iba al cepillo (placar) para ver qué ropa me iba a poner. Más tarde, me sentaba, en el despertador, (silla) frente a mi televisor (escritorio) y agarraba el placar (cepillo) para peinarme, mirándome en la alfombra (espejo). Cuando terminaba me sentaba en la biblioteca (cama) y me ponía a mirar al escritorio (televisor), agarraba un libro de la cama (biblioteca) y empezaba a leerlo.
Me parecía muy divertido; me pasaba todo el día tratando de retenerlas. Ya para ese entonces toda tenia nombre nuevo: yo ya no era una mujer sino un sol, y el sol una mañana y la mañana una mujer
Stephanie Gregory
De modo que, por la mañana, sonaba mi perro (despertador), lo apagaba y me levantaba del puff (cama). Le daba de comer a la pelota (perro), dejaba la comida en la mesita de luz (repisa), abría la campera (armario) y me ponía la silla (campera); me sentaba frente al retrato (televisión) y me preguntaba cómo podría llamar a las demás cosas.
A la cama, puff.
Al perro, pelota.
Al despertador, perro.
A la repisa la llamaba mesita de luz.
Al armario, campera.
A la campera, silla.
A la silla, alfombra.
Al espejo, cama.
A la alfombra, almohada.
A la mesa la llamaba gato.
De modo que, por la mañana, me quedaba un largo rato acostada en el puff (cama); a las 8:00 sonaba el perro (despertador), me levantaba y me paraba en la almohada (alfombra) para no tomar frío en los pies. Luego, buscaba la ropa, me vestía y me miraba en la cama (espejo). Después, me sentaba en la alfombra (silla), frente al gato (mesa) y me detenía frente a la pelota de mi mamá.
Me parecía muy divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para entonces todo tenía nombre nuevo: yo, ya no era una chica; era un ojo, y el ojo era una estrella, y la estrella, era una piedra.
FIAMMA
UNA MESA ,ES UNA MESA
De modo que, por la mañana yo me levanto de mi persiana (cama), me visto, me hago el desayuno y me pregunto cómo podría llamar a las demás cosas.
A la tele la llamo, alfombra.
Al ropero, DVD.
A la cama, persiana.
Al despertador, ropero.
Al DVD, mesita de luz.
Al equipo de música, almohada.
A la mesita de luz, tele.
A la persiana, equipo de música.
A la alfombra, cama y
A la almohada, despertador.
De modo que por la mañana yo me quedo un largo rato en mi persiana (cama), escucho el ropero (despertador) de mi mamá sonar y me tapo la cabeza con mi despertador (almohada). Después de un rato, busco el control remoto, prendo mi alfombra (tele) y tomo el desayuno; más tarde apago la alfombra (tele) y prendo la almohada (equipo de música). En ese momento, me paro en la cama (alfombra), dejo el pijama adentro del DVD (ropero) abro el equipo de música (persiana) y me voy a comer.
A la tarde, prendo la alfombra (tele) y meto una película adentro de la mesita de luz (DVD); a la noche, dejo el control remoto arriba del DVD (mesita de luz) y me duermo.
Me parece muy divertido. Me paso todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya todo tiene nombre nuevo: yo no soy una mujer sino un espejo; el espejo es un amanecer y el amanecer una mujer.
"De modo que, por la mañana, me levantaba de la bicicleta, acomodaba el armario, agarraba la ropa y miraba la hora en la silla; buscaba el despertador y me vestía. Después, me peinaba con la compu, me sentaba en el celular, frente al peluche, y pensaba cómo llamar a las demás cosas.
A la cama la llamé bicicleta;
al armario, peluche;
al celular, ropa;
a la compu, silla;
a la silla, celular;
a la ropa, despertador;
al peluche, peine;
al peine, compu;
a la bicicleta, cama;
y al despertador, armario.
De modo que, por la mañana, yo me quedaba en la bicicleta, me levantaba, me peinaba con la compu, me vestía con el despertador, iba a la silla y jugaba.
MICA GORDS
De modo que, por la mañana me levantaba del equipo de música, me vestía, me sentaba en la biblioteca y me preguntaba como llamar a las demás cosas:
A la cama la llame equipo de música.
Al televisor, armario.
A la computadora, ventana.
A la biblioteca, silla.
A la mesa de luz, cama.
A la silla, computadora.
Al espejo, televisor.
A la ventana, biblioteca.
Al armario, mesa de luz.
Y al equipo de música lo llamaba espejo.
De modo que por la mañana me quedaba un largo rato en el equipo de música (cama), luego, me paraba y abría la biblioteca (ventana); después agarraba la ropa de la computadora (silla) y me vestía, tomaba el celular de la cama (mesa de luz) y lo prendía.
Más tarde, me detenía a mirar la silla (biblioteca) mientras prendía la ventana (computadora) y el espejo (televisor).Luego de estar un rato en la ventana (computadora), me miraba en el televisor (espejo) y me iba a desayunar. A mi me parecía divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para ese entonces todo tenía nombre nuevo, yo ya no era mujer sino un pie, y el pie era una mañana y la mañana una mujer.
PAUU
De modo que, todas mis cosas, adquirieron un nombre nuevo.
A la cama la llamaba celular.
Al espejo, cajonera.
A la computadora la llamaba mochila.
A la silla, almohada.
A las sábanas las llamaba cortinas.
Al celular, cama.
Ala cajonera, espejo.
A la mochila, computadora.
A la almohada, silla.
Y a la cortina, sábana.
De modo que, por la mañana, al despertar, buscaba mi cama (celular) debajo la silla (almohada) y me fijaba la hora. Luego, me quitaba las cortinas (sábanas) de encima, me levantaba del celular (cama), me lavaba los dientes, volvía a mi habitación, buscaba dentro del espejo (cajonera) algo para vestirme, me cambiaba y me miraba en la cajonera (espejo). Después, abría las sábanas (cortinas) para que entrara algo de luz, me sentaba en la almohada (silla), prendía la mochila (computadora) y la usaba un rato. Al apagar la mochila (computadora), bajaba a comer algo, me ponía la computadora sobre mis hombros y tomaba camino a la escuela.
Me parecía divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para ese entonces todo tenía un nombre nuevo: yo ya no era una mujer sino una mariposa, y la mariposa un atardecer y el atardecer una mujer.
CAMI G.
De modo tal que, por la mañana, yo me levantaba de mi revista, me vestía, me sentaba en la ropa, frente al perchero, a mirar videos y me preguntaba cómo se podrían llamar las demás cosas.
A la cama la llamaba revista.
A la televisión, perchero.
Al armarlo, espejo.
A la alfombra, hermana.
Al perchero, televisión.
A la ropa, silla.
A la revista, cama.
Al espejo, armario.
Y a la silla, ropa.
De modo que, por la mañana, me quedaba un rato largo tendida sobre la revista. Después, me levantaba y me paraba sobre mi hermana para no tomar frío en los pies; luego, abría el espejo y buscaba, en la TV, mi silla para vestirme y me miraba, en el armario, colgado en la pared. Más tarde, me sentaba en la ropa, frente al perchero, a mirar videos. Miraba el horóscopo, en mi cama y, por último, saludaba a mi alfombra.
A mí me parecía muy divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para ese entonces todo tenía nombre nuevo; yo era un eclipse, el eclipse una amanecer y el amanecer un atardecer.
Wanda Banegas
De modo que, por la mañana, me levanté de la cama, me lavé la cara y los dientes y encendí la luz. Y, de lo mucho que iluminada me choqué la puerta. Me di un golpe tan fuerte que recordé el sueño que había tenido ayer: se trataba de un mundo único y al revés.
Mi armario era cama.
El aire, tierra.
La tierra, aire.
Mi cama era armario.
El canto, rugido.
El rugido, canto.
El foco de luz, puerta.
La cara, ojos.
Los ojos, cara.
La puerta, foco de luz.
Los dientes, uñas.
Las uñas, dientes.
El gato, alfombra.
La escuela, boliche
El boliche, escuela.
La alfombra, gato.
La ventana, cajón.
El cajón, ventana.
La almohada, mochila,
y , la mochila, almohada.
De modo que, aquel día, por la mañana, me levanté del armario y me lavé los ojos y las uñas.
Me iluminó la puerta, me encandilé y me choqué el foco de luz. Abrí el cajón para escuchar el rugido de los pájaros y que entró mucha tierra. Le di comida a la alfombra y comencé a lavar el gato, con agua hirviendo, porque tenía una mancha de mostaza. Me fui al boliche a estudiar, con mi almohada de los “Power Ranger” para estrenar. Pasaron 5 horas, llegué a casa y me acosté, con mi mochila acolchonadita y cómoda. Dormí una hora porque me despertó la alfombra, con sus garras, y recordé que era un sueño raro.
MARÍA
De modo que, por la mañana, me levantaba de mi cortina, me vestía, me sentaba en el cepillo, frente a la alfombra, y me preguntaba cómo podría llamar a las demás cosas.
Al placard lo llamaba alcancía.
Al espejo, biblioteca.
A la ventana, alfombra.
Al cepillo, silla.
A la biblioteca, espejo.
A la alcancía, placard.
A la alfombra, ventana.
A la silla, cepillo.
A la cortina, cama.
Ya la cama la llamaba cortina.
De modo que, por la mañana, cuando me levantaba, me quedaba parada un rato en la ventana para que no se me enfríen los pies. De la ventana, me sentaba en el cepillo y me miraba en la biblioteca pensando cuál era el libro que tenía que buscar, en el espejo, para llevar a la escuela. Después de encontrar, en el espejo, el libro que necesitaba, me iba hacia la alcancía a buscar la ropa que necesitaba para vestirme. Minutos más tardes corría la cama para fijarme, por la alfombra, cómo estaba el día.
MACARENA
De modo que, por la mañana, yo me levantaba de mi silla (cama), apagaba la impresora (despertador), me cambiaba, abría el despertador (ventana) y me preguntaba cómo podría llamar a las demás cosas.
A la TV la llamaba computadora.
A la cama, silla.
Al retrato lo llamaba mesa.
Al armario, ventana.
A la silla la llamaba TV.
A la computadora, retrato.
Al despertador lo llamaba impresora.
A la mesa, armario.
A la ventana la llamaba despertador.
A la impresora, cama.
De modo que, por la mañana, yo me quedaba largo rato tendido en la silla (cama); luego, sonaba la impresora (despertador), me despertaba, me vestía, miraba la mesa (retrato) de mi abuela, armaba mi armario (mesa), buscaba mi mochila en la ventana (armario) me sentaba en el televisor (silla) y hacía mi tarea. Más tarde, buscaba información, en el retrato (computadora), y la fotocopiaba en la cama (impresora). Después, abría un poco el despertador (ventana) para ventilar mi pieza. Al rato, prendía la computadora (televisión) para ver una película. A mí me parecía divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener nuevas palabras. Ya para ese entonces todo tenía nombre nuevo: yo ya no era un hombre sino una mano, y la mano era una noche y la noche un hombre.
Gastón Guaytima
De modo que, por la mañana, me levanto de mi almohada (cama), me visto, me siento en la mesa (silla), frente al vaso (mesa), y me pregunto cómo puedo llamar a las demás cosas.
A la cama la llamo almohada.
A la cajonera, biblioteca.
Al armario, libros.
Al televisor, pósters.
A la almohada, fotos.
A la computadora, sillón.
Al celular, despertador.
A las fotos, armario.
A los perros, Matías.
Y a la comida espejo.
De modo que, por la mañana, yo me quedo un tiempo acostada sobre la almohada (cama); a las diez suena el despertador (celular), me levanto y me siento en el sillón (computadora) un largo rato hasta que está el espejo (comida). Busco mi ropa en los libros (armario), me visto, y me miro en la comida (espejo) pegada en la pared. Luego, me siento en la mesa (silla) a esperar que llegue la hora para ir a la escuela mientras miro el armario (foto) de mi abuela y juego con Matías (perros).
A mí me parece divertido. Me paso todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya todo tiene nombre nuevo: ya no soy una mujer si no una flor, y la flor es una casa, y la casa una mujer.
LULA BORDÓN
De modo que, por la mañana, yo me levantaba de mi balanza (cama), me vestía y me sentaba en mi reproductor de música(silla), frente al despertador(mesa), y me preguntaba cómo podía llamar a las demás cosas :
a la cama la llamaba balanza;
a la mesa , despertador;
a la silla la llamaba reproductor de música;
al espejo lo llamaba lámpara;
al despertador, fotos;
al armario, espejo;
a la lámpara la llamaba silla;
al reproductor de música, mesa;
a la balanza, armario;
y a las fotos, cama.
De modo que, por las mañanas, sonaban las fotos(despertador), me levantaba de mi balanza(cama), me iba a sentar al reproductor de música(silla), prendía la silla(lámpara), apoyaba mis libros sobre el despertador(mesa) y prendía la mesa(reproductor de música) para escuchar un poco de música.
Luego, me levantaba para sacar ropa de mi espejo (armario), así me podía cambiar. Al terminar, me miraba en la lámpara (espejo) y me pesaba en mi armario(balanza).
Antes de ir a la escuela miraba las camas (fotos).
A mí me parecía divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para ese entonces todo tenía nombre nuevo: yo ya no era una mujer sino un pie, y el pie era una mañana y la mañana una mujer.
García Pujó Camila
De modo que, por la mañana, me vestía, me me sentaba en la alfombra, frente a las cortinas y me preguntaba cómo poder llamar a las demás cosas.
A la cama LA LLAMABA, almohada.
A la mesa, espejo.
A la silla, alfombra.
Al armario, ventana.
Al espejo, despertador.
A la almohada, silla.
A la bandera de mi club, puerta.
A la puerta, armario.
A la ventana, bandera de mi club.
Al despertador, mesa.
De modo que, por la mañana, yo me quedaba un largo rato tendido en el despertador; a las nueve, sonaba el espejo, me levantaba y me paraba sobre la sábana, para no tomar frío en los pies. Luego, buscaba mi ropa en la puerta, me vestía y me miraba en la mesa colgada en la pared. Más tarde, me sentaba en la almohada y ordenaba mi armario, hasta encontrar mi ventana. Ya para ese entonces todo tenía un nombre nuevo: yo ya no era más un hombre sino que un enganche, y los enganches eran jugadores, y los jugadores eran hombres.
LEO
De modo que, por la mañana, yo me levantaba de DVD (cama), me vestía, me sentaba en la silla, frente a la mesa, y me preguntaba cómo podía llamar a las demás cosas.
A la cama la llamaba DVD.
A la mesa de luz, telelevisor.
Al armario, perchero.
Al televisor, espejo.
Al DVD ventana.
A mi hermana la llamaba despertador.
Al perchero, armario.
Al espejo, mesa de luz.
Y a la ventana, cama.
De modo que, por la mañana, yo me quedaba un largo rato tendido sobre el DVD (cama). A las 9, sonaba mi hermana (despertador) me levantaba y me paraba sobre el piso. Luego, buscaba mi ropa en el perchero (armario), me vestía, me miraba en la mesa de luz(espejo), colgada en la pared, y me sentaba en la silla.
A mí me parecía divertido. Me pasaba todo el día tratando de retener las nuevas palabras. Ya para ese entonces todo tenía nombres nuevos. Yo ya no era una mujer, sino una rodilla (mujer) y la rodilla era una mañana (rodilla) y la mañana una mujer.
Lara Hernández















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